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Mostrando entradas de agosto, 2009

Acariciando tus labios, sintiendo su humedad

Sigo el mapa táctil de tus labios, ese entorno carnoso y tierno, lleno de un encanto singular, sigo su reccorrido con la yema de mi dedo índice y en los descansos con el pulgar. Y me enamoro de su tacto y me muero por poderlos saborear y morderlos suavemente, captando su esencia vital. Ardo en deseo de probarlos, de saber de su humedad con la piel de mis labios sobre tus labios, para tomar la temperatura real. Sigo el mapa táctil de tus labios, con mis manos, con mi corazón, con mi pensamiento, con mi razón. Y ardo en pasión desmesurada por poderlos degustar, pero tan sólo tienen permisos mis manos, lo demás debe esperar. Meridien

Lejos de ...

Huiste lejos, buscabas soledad, marcar la distancia, volver a empezar. No fue fácil, lo sabías, aún así costó más de lo previsto. En tierra extraña, con personas ajenas a tu entorno, viste un camino duro y aún así no te rendiste. Sembraste tu corazón con tus manos en aquella tierra, para hacerla tuya y bebiste de sus aguas, para hacerte suyo. El tiempo pasaba y empezaste a enraizarte, a entrelazarte con la vida sin olvidar que olvidaste y que lejos de tu huida, añorabas tu comenzar. Vuelta a tu tierra, vuelta a tu gente, vuelta a ese aroma familiar y de nuevo en tierra extraña, y de nuevo comenzar. Meridien

Gris

Por mi mente divagan pensamientos inconexos que buscan refugio en esta calma, mas son parte del tesón de mi tormento. No puedo dejar de pensar en el anhelo que siento y que ni risas ni sonrisas, ni palabras ni hechos, llegan a saciarlo para borrarlo de este momento. Nubes grises se ciernen sobre mí clamando tempestuosamente su existencia, arropadas por el estruendo aterrador y la luz cegadora de la ocasión. Lluvia ácida que cae sobre mi piel y la cubre sin remedio humedeciendo mi ser, reblandeciendo recuerdos. Lluvia con sabor a hiel, evocadora de lágrimas y resentimiento, gris que invade mi mirada y la lleva lejos de su existencia para desanimarla. Momento gris que se propaga por mis venas, recorriendo piel y sangre, apropiándose indebidamente del alma. Siento que se adueñó de mí, que me hizo su sierva fiel, que propinó mi cautiverio y borró cualquier ápice de felicidad. Meridien