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Mostrando entradas de enero, 2010

En mi recuerdo

Y aún te preguntas a qué espero para olvidarte, para dejar de pensar en ti, en tu cuerpo, en tus besos, en tus caricias, tu recuerdo es tan grande que no es fácil olvidarte, tus besos quedaron tatuados en mi cuerpo, tu aroma impregnado sobre mi piel, cada una de tus caricias permanece en mi mente, cada deleite en mi corazón, son sensaciones que se retroalimentan en sueños y viven con la esperanza por estandarte. Recuerdo el sabor de tu boca, predilección de la mía, la humedad de tu lengua y su ritmo al jugar en consonancia en esos momentos idílicos, recuerdo tus labios paseándose por todo mi cuerpo como si buscaran un sabor en concreto, degustando cada zona hábilmente visitada, haciendo su recorrido tan placentero que la piel se mostraba erizada con orgullo. Recuerdo tus manos divirtiéndose con la mías, recreándose en mis nalgas y pechos, cogiéndome fuertemente por el cuello al llegar al éxtasis de nuestros encuentros. Recuerdo tus dedos desafiando mis adentros, confiriéndome un placer

Mirando tu mirada

Levantaste mi mirada hacia ti, con tu mano, temblando, apartaste de mis mejillas aquellas lágrimas que sustancialmente surcaban mi piel en busca de un horizonte sin fin, tu sonrisa fue medicina para mi corazón, él cual estaba herido y magullado, destrozado por la ocasión, despedazado sin compasión. Hacia tiempo que no sentía ese calor humano que desprendió tu piel, esa piedad y condescendencia, esa sensibilidad y ternura, ya no lo recordaba. De tus manos vino la calma, la paz y el sosiego, tu voz pausada, relajante y animosa me confirió protección, tu mirada me acercó a la supervivencia, de nuevo sentí la incandescencia de la vida. Meridien

Desacierto

Escucho con incredulidad cada una de tus palabras porque ellas dejaron de someterme hace tiempo, ahora sólo resuenan en mis oidos cuya validez queda relegada a un segundo término, más allá del desacierto. Alguna vez lograste engañarme consiguiendo la ceguera de mis sentidos y ahora vuelvo a renacer como ave fenix sin temor a tus artimañas, con fuerza, con brío. No me creo tus palabras, ni siquiera tus acciones, te mueves por tú interés, nunca te preocupaste por mí. Ahora la venda ha caido, ahora la verdad ha hecho eclosionar mi sexto sentido, para así olvidarte, apartarte hacia un lado y dar paso a una nueva experiencia. No permitiré que te agencies de mi ser, que me apartes de mi camino, que me embauques con tus promesas, ya que tus palabras no son nada para mí, tan sólo emanan tu cretinismo. Meridien

Negándose

Los conocí entre la gente, entre el ir y venir de cada día, sus sonrisas y sus risas se hicieron cómplices, crearon sus instantes, sembraron sus afectos y llenaron sus vidas vacías. Ella descubrió la pasión, él, el deseo entre miradas, ambos creyeron en el amor y en la incandescencia de sus hazañas. Pero el tiempo dibujó una línea divisoria, marcó los límites y creó el enfrentamiento, a modo de reproches llegaron sus temores, cada palabra era tomada con recelo, cada acción se tildaba sospechosa y con ello creció el desconsuelo. Y la llamada del orgullo los hizo caer en el menosprecio, en los desaires concedidos sin compasión, en sacar al aire sus bajezas y en olvidar que algún día fueron fruto de su predilección. Ahora son dos almas solitarias que se buscan y se repelen, que nada tienen que ver con la felicidad y que se diluyen en soberbia. Meridien

El eco de la malediciencia

El eco de esas voces que se abren paso entre resentimientos, consiguiendo la rivalidad entre aquellos que escuchan su voz, difundiendo la malediciencia, propagando la murmuración, exaltando la difamación y llegando a sembrar raices de calumnia, son cada vez más impetuosas, se nombran así mismas certezas y su valor no pasa de ser sencillamente, enredos. Hay quien finge no oirlas y sin embargo actúa bajo sus premisas, coge el aliento que le otorgan y lo revisten de ironía. Cuánto interés en acrecentarse con vulgaridades, promulgando la grosería, catalogando las necedades, y dando rienda suelta al desdén de su entidad. Pero no hay eco donde no hay hueco, donde todo está lleno de felicidad, donde las voces se apagan con hechos y el sonido se amortigua con amistad. Meridien

Atardecer lleno de recuerdos

La claridad se evadía por el horizonte a la misma vez que mis esperanzas, ésas que anhelaban verte, acariciarte, besarte y que sin tenerte, te sentían en la distancia. El paso de las horas se hacía eterno, las agujas de ese viejo reloj avanzaban a un ritmo lento, sosegado, paulatino, pausado, eran esclavas del mecanismo al cual las habían fijado, prisioneras entregadas a su trabajo y castigadoras para mis sentidos. Larga e interminable parece ser la espera, el saber que todavía no te tengo cerca de mí, que mis manos y mis labios han de seguir soñando y que sólo me queda vivir con tu recuerdo, al cual me aferro. La despedida de esa claridad que había iluminado el día marcaba la vuelta a la oscuridad y con ella tan sólo queda la ilusión de seguir soñando, de fantasear con los recuerdos, de ilusionarse con las esperanzas, de imaginar para calmar esas ansias de ti y el deseo de poder ser feliz, aunque tan sólo sea en sueños. Meridien