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Mostrando entradas de agosto, 2008

Se ha vuelto a perder la esperanza

Se ha vuelto a perder la esperanza, se ha escondido de nuevo en este espacio indefinido, en este tiempo limitado de vida con un fin inpreciso, no concreto. Quien sabe cual será su propósito, su voluntad u objetivo, si lo hizo deliberadamente, con pretensión, o tal vez cayó de nuevo en su propio engaño. Quizás fueran los designios de este destino que se esboza entre tormentos y alegrías, entre intenciones y decisiones, con juicios que marcan doctrina. Se ha vuelto a perder la esperanza, se desvaneció ante mi mirada, entre las lágrimas y los sollozos, entre el dolor y el abatimiento de esta alma, propinando de nuevo una estocada. Y cada contusión es recibida, consentida de cierta forma, rechazada desde el silencio, tolerada, aunque no siempre comprendida. Se ha vuelto a perder la esperanza y de nuevo salgo a su búsqueda, cada vez con menos fuerzas, llena de desaliento por tanta batalla. Meridien

Que esperas de mí

Que esperas de mí, que el tiempo no deje huellas sobre mi piel, quizás sobre mis cabellos, que no moldee mi cuerpo a su gusto, que no cambie mi forma de ser o mis sentimientos. Que esperas de mí, que permanezca inmune a los contratiempos, a las decisiones de otros, a la incomprensión externa o simplemente a los golpes que nos da la vida. Que esperas de mí, que esté aquí en todo momento, que asiente todas tus decisiones, que no proteste ni me queje, que aún viendo que rompes las promesas, siga adelante. Que esperas de mí, que niegue que puedo ser más o quizás menos, que ratifique mi libertad, que me permita sentir, ser, o tal vez que quiera soñar. Que esperas de mí, que no me enamore cuando ya lo estoy, que no ame cuando ya lo hago, que silencie mis sentimientos y no me afirme en este amor. Que esperas de mí, que siga esclavizada a tus palabras, sometida a tus decisiones, entregada a tus pretensiones, servil para tus ambiciones. Que esperas de mí, que no sienta dolor cuando me duele, qu

Aroma y sabor predilectos

Un suspiro, un susurro, un soplo de aire fresco, llegaste inundando de ilusión ese espacio intermedio, dibujando sonrisas para después cautivarlas, pintando brillos en las miradas, esas que permanecían serenas y moderadas, creando instantes mágicos, llenos de misterio, de pasión, de ensueños e imaginación. Te convertiste en un sentimiento que crecía y emergía hacia un lugar sin describir, sin prisas, sin tiempo limitado pero con la seguridad de poder llegar a su destino, con el deseo de conseguirlo y la expectación de esos instantes indefinidos. Fuiste aquello que quisiste ser, sin imaginarlo, o sí, te dejaste llevar por la esencia del delirio y la chispa de esa creativa intuición que posees, tu ingenio te hizo perceptivo, tus sensaciones, cautivo y tu iniciativa, ganador. Hablabas con la presunción de ser el centro de atención, de creer que tu pensamiento era inequívoco y mis palabras demasiado obvias, que lo auténtico residía en ti, cuando lo tangible estaba entre nuestras manos, pal

La certeza de una triste mirada

Desvela su triste mirada, que nuevamente él castigó su corazón, le hizo sentir insignificante, indigna, fuera de su predilección, le arrebató cualquier esperanza, si es que la había, la hirió hasta llagar de nuevo su confianza ya golpeada por la vida, la llenó de incertidumbre, de incomodidad, la silenció en sus palabras. Su corazón jamás pudo explicarse, fue tema vedado ante tan poca expectación, más cuando se encontraban cara a cara, sólo pequeños instantes se llenaban del carisma de su atención, más tarde todo quedaba en nulidad, ausencia de un nosotros, inexistencia de un tú y yo. Lentamente su tormento la llevaba al sufrimiento de la incomprensión, ella dispuesta a darlo todo, él sólo a crear más contradición. Si tuviera la certeza, proclamaba su corazón, trazaría de nuevo la vida, hablaría de amor. Pero su condena será larga, atestigua su pensamiento, manifiesta su corazón, todo resulta insustancial, cuando él no cree en sus palabras y prefiere el cuerpo de otra, sus besos y su c

Alimento del pensamiento

En esta tórrida tarde de verano, donde el calor abrasador del aire es menos intenso que el recuerdo de tu cuerpo sobre mi cuerpo, donde vuela mi pensamiento intentando traerte a su lado, donde el palpitar de este pequeño corazón crece haciéndose cada vez más enérgico, aquí, en este mismo instante, el deseo crece sin esperar a nada ni a nadie y mi cuerpo suspira por ti, por tus besos, por tus caricias, accelerándose, calentándose, llegando a consumirse entre propósitos e intenciones. Su anhelo por ti es tan grande que necesitaría de toda una vida a tu lado para poderse saciar y es que eres el manjar de su boca, eres especial. Y no puede haber otro como tú a quien tanto desear y acabar amándolo sin coste alguno, porque contigo no hace falta imaginación, ella emerge por sí sola, porque contigo todo es gozo, placer, y es que eres el deleite de este minúsculo corazón. Y ahí estás, en sueños, en intensas noches, en intensas tardes y mañanas, complaciendo esos momentos de locura, locura sana,