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Mostrando entradas de octubre, 2009

Inercia

En estos momentos me muevo por inercia, ésta que se arraiga en mis entrañas aún lejos de conquistar mi pensamiento, bastante desdicha es tenerla de compañera como para quererla como amiga. Me llena con su desidia, esa que provoca el día día, cada vez más inhumano, colmado de rutina y apatía. Semejantes rostros los que se vislumbran a la misma hora, idénticos comentarios, gritos que se despachan durante la ebriedad de momentos difíciles, incomprensión y destierro de los buenos modales, precipitación hacia un ocaso nefasto. Inercia, la que se incrusta como algo nocivo, perjudicial, pernicioso, que se hace así misma costosa y se adjetiva como regular, ésa que se implantó en mi vida a través de los demás, que se afianzó entre golpes y contrariedad, ésa que acaba con los impulsos, que tacha las palabras potenciar y desarrollar y se queda vilmente con una única palabra, frustrar. No tiene fin cuando no se ponen medios, cuando se abandona a su libre albedrío, cuando se promueve su esencia y s

Acíbar para el corazón

Me lleno de falsía cuando proclamo que no me importas, no es verdad, simplemente encubro mis sentimientos a través de palabras, esas que se renombran diariamente para no ser las mismas y no evidenciar que eres más que un nombre para ellas. Intento no molestar con mi afecto y por ello rehuyo de abrazos y besos, no puedo recibir sin dar y ésto no me está permitido. Me lleno de deslealtad a mi corazón cada vez que le digo que será la última vez y vuelvo a caer en las redes de la concuspicencia para luego expirar en la indiferencia. Para mí prescribieron los días de amor, de una ternura incólume, de esa rebeldía perenne, el declive de la pasión está cercano y los sentimientos quedarán desestimados por intelegibles, no es más que un porvenir sin porvenir, una dilección encubierta de inexactitud. Cinismo pueden denotar estas palabras, los hechos corroboran su sentir, deslealtad revelada ante mis ojos, siendo acíbar sin fin. Meridien

Otoño

Otoño, vuelves de nuevo para mí y contigo el aire fresco que acaricia mi cuerpo, la añoranza de esos cálidos días de verano y el pensamiento en un invierno no tan lejano. Otoño, vuelves como cada año, sin faltar a nuestra cita y los árboles empiezan a rumorear extendiendo sus hojas al paso de mis pies, acaeciendo como lluvia que no moja, pero que no deja inmune a nadie. Tu tonalidad amarillenta, un tanto anaranjada, con pinceladas verdosas, cada vez más cálidas, se demigaja entre los días acortados y las noches cada vez más gélidas, tu voz está compuesta por la brisa que se mueve entre las ramas, por el murmullo arrebatador de aquellos pequeños torrentes que comienzan a llenarse de agua y el crujir de unas hojas que claman por no ser olvidadas. Como cada año llegas intenso, lleno de esa identidad que te marca y te define, que te cubre de admiradores y detractores, porque tu paso no es indiferente. Otoño, bienvenido. Meridien

Hacia la madurez

A diario me encuentro cara a cara con la mirada de la experiencia, con la sabiduría reflejada en un rostro, con la habilidad delegada en palabras y el calor humano que emerge en forma de buenos días. A diario, crece mi respeto por quien no se rinde, por quien lucha por lo suyo y los suyos, por quien sabe hacer partícipes al resto y decidir desde la razón sin olvidar el corazón. A diario, desde la distancia, ese rostro se convierte en el horizonte de mi vida, en el punto de fuga de mis pensamientos que sienten la necesidad de aprender, de sentir ese conocimiento ampliado que sólo dan los años, las experiencias, las habilidades innatas y las aprendidas, los errores y los aciertos, la lógica y la intuición. Querida madurez, cada vez te siento más cercana y me pregunto si alguna vez mi rostro denotará tanto conocimiento, mis palabras serán tan acertadas y veré reflejada en mis pupilas aquella mirada que a diario la mía admira. Querida madurez, ya me contarás. Meridien

Tic tac, las horas pasan

Tic tac, las horas pasan, tú aquí y yo allá, tic tac, los días pasan y yo no te puedo olvidar. Tu aroma es la huella del deseo, tus caricias el estigma de mi corazón, no se puede amar tanto porque luego duele el corazón. Tic tac, las horas pasan, tic tac, el corazón late, los sueños se iluminan y se apagan al ritmo del día a día. Cuándo fue que me enamoré de ti, cuándo fue que te prendaste de mí, si el tiempo nos uniera quizás jamás tuviera fin. Tic tac, las horas pasan y yo ya me decidí, quiero ser tuya de la misma forma que tú te entregues a mí. tic tac, las horas pasan, tic tac y el amor no tiene fin. Meridien

Confesando

Te diría tantas cosas y tan sólo algunas puedo, no puedo hablar más de lo justo, de la típica conversación insustancial porque de otra forma, denotaría lo que siento, emergerían mis sentimientos, esos que a flor de piel son incombustibles, esos que hablan de amor, que sienten la vida y que quieren hacerla suya. Mis labios he de sellar para no decirte que te quiero, que la vida fue injusta, que marcó la distancia entre la pasión y la serenidad, la dividió por dos y la convirtió en una raíz cuadrada. Te diría tantas cosas, pero he de mantener los labios sellados, la mirada perdida, la sonrisa ofuscada, no he de ser yo, he de convertirme en el personaje. Meridien

Cara a la pared

Contra la pared, brazos y piernas en cruz, asediada sin compasión por un cuerpo ardiente que se bate en el deseo. Contra la pared, con susurros que llaman a la imaginación, con caricias que claman pasión, sintiendo el deseo crecer por momentos. Respiro tu aroma, me cubro con tus besos, mi piel reacciona a tu piel, mi cuerpo a tu cuerpo. si te mueves, me muevo, si me besas, te beso, si me llenas de ti, yo te dejo. Contra la pared, a favor del deseo, contigo dentro de mi y las caderas en movimiento. Nos llenamos de ritmo, bailamos al son de la pasión y el deseo, tú eres para mi y yo para ti, no puede ser de otra forma, ambos lo sentimos así. Contra la pared, o de cara, frente a frente, cuerpo a cuerpo, no podemos parar de amarnos porque el amor lo llevamos dentro. Meridien