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Herir sin querer

No es bueno tanta tristeza,
no es bueno sentirse odiada,
sentir los golpes que recibes
y el sabor amargo de las palabras.
Nunca quisiste hacer daño,
ni caminaste con la maldad a tus espaldas,
nunca empuñaste un arma de doble filo
y sin embargo muestras heridas profundas
y cicatrices de otras batallas.
Sabías que la vida no sería fácil, mas bien complicada,
pero nunca esperaste sentir tanto dolor,
ni sentir esa pena en tu corazón,
nunca quisiste herir y sin embargo heriste sin querer.
Entregaste parte de ti en cada palabra,
en cada sonrisa y en cada mirada,
y ahora todas ellas sirven para que te hieran,
para que hagan uso de ellas
y te sean devueltas como un arma que envenena.
Te preguntas si eres culpable de tus acciones y omisiones,
de tus silencios e incompresiones,
de tus palabras y emociones.
Intuyes la respuesta,
la sabes desde tu corazón,
es como el aire que surca nuestros pulmones
y nos llena de vida y oxigeno,
es como el agua que nos hidrata,
o el alimento que nos sacia,
es la respuesta de una verdad que siempre fue,
que siempre supiste,
y que miles de veces dudaste desde tu sentido de culpabilidad,
es la duda que te corroe
y la paz que te sosiega cuando ya no puedes más.
No debes resentirte de la vida,
no debe sangrar más tu corazón,
no pueden llorar tanto tus ojos,
ni desgarrarse tu alma por tanta incomprensión.
No sientas ese dolor que te priva de una vida de ilusión.


Meriden, 2007

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