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Somos la misma persona

A ti, que me escuchas cuando ya no quedan más oidos,
que me hablas cuando el resto del mundo me dedica su mutismo,
tú, que siempre persistes en estar cuando los demás se han ido,
que me llenas de calor en los momentos gélidos
y me ofreces tu calma para sosegar mi desazón.
Nunca te valoré lo suficiente
y tan sólo observé la superficialidad que otros remarcaron,
tanto para lo bueno como para lo malo,
aunque creo que siempre primó lo peor
y sólo supe ver los defectos, intentando ocultar de ti lo mejor.
A ti, que te redescubrí en el reflejo
de un pequeño charco de agua que la lluvia puso en mi camino,
en esas aguas a medio camino entre la transparecia y el barrizal,
entre la tierra y el cielo,
en una realidad palpable, tangible,
evidentemente eramos hasta ahora desconocidas siendo conocidas.
Tú, que tanto me costó reconocerte y sentirte mía,
que quedaste sometida a un silencio
hasta la refracción de una luz que se cruzó en mi destino
y así te redescubrí una vez pasada la inocencia
y vi que tú eras yo, que yo era tú,
que eramos la misma persona
y sin embargo hasta ahora me creía sola,
en esta soledad acompañada,

cegada por la opacidad que me rodeaba,
enmudecida en mi interior.
Ahora sé que te tengo, a ti, a mí ,
tú eres mi yo, yo soy tú,
ahora sonrío y siento esa sonrisa desde muy adentro,
ahora nos miramos cara a cara con la certeza de estar siempre ahí,
en nuestro interior,
en nuestro exterior,
siendo una única persona.

Meridien

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