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Soledad

Vuelve la tristeza a profundizar en mi corazón,
afuera la noche es fría y oscura,
la única compañía que tengo
es mi propio reflejo en el cristal de la ventana.

Intento acercarme para sentirlo próximo
pero su tacto es frío,
no emana calidez,
tan sólo emite la frialdad de su esencia,
consolidando su caracter impasible, gélido e indomable.

Me acerco con la idea de ofrecerle calor,
calor humano de mis adentros
y dejo mi aliento sobre su superficie
pero éste se evade rápidamente,
mi calor no puede enmascarar su frialdad.

Lo intento una y otra vez,
no desisto,
no abandono,
es cuestión de tiempo,
pero mi aliento se vuelve tibio
y yo me consumo entre silencios.

La noche sigue fría y oscura,
la respuesta a mi tristeza se esconde en este corazón apagado,
en su aliento consumido,
en el cansancio determinante y saldado en un día de trabajo.

Es hora de dormir,
de sumergerse en el calor de unas sábanas amigas,
bajo el abrigo de las mantas
y con una noche entera para yacer rodeada de suavidad
pero sin la cercanía de otro cuerpo humano.


Meridien

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