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Siento frío, pero sólo es aire gélido

Siento el frío en mi rostro cada mañana,
ese que me recuerda que el invierno está cercano,
y no obstante mi corazón está ardiendo
por el recuerdo de tus besos en mis labios,
del aroma de tu piel sobre mi piel
y la memoria que dejaron las yemas de tus dedos sobre mi cuerpo.
Siento esa gélida caricia de la brisa de cada día,
pero no tiemblo por ella
sino por el recuerdo que se bate en mi pensamiento,
ese palpitar en mi corazón que me recuerda
cada uno de los momentos a tu lado,
esos en los que me encantaba perderme sobre tu piel,
esos en los que las caricias eran parte de un lenguaje por conocer,
esos en los que no dejé de suspirarte.
De pronto mi cuerpo comienza a temblar,
pero no es de frío sino de exaltación
al verte de lejos
y saber que la distancia se acorta por momentos,
y es entonces cuando vuela mi pensamiento
buscándote para decirte al oido,
entre susurros acompañados por el viento,
que te dejes querer, que te dejes amar,
y sientas la pasión que es dueña de nuestros sentimientos.
Siento frío, pero sólo es aire gélido.

Meridien, 2007

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